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Exposición actual: “Lo in-ūtil” de Exposición colectiva de cerámica contemporánea.

Lo propio del saber, no es ni ver ni demostrar, sino interpretar”

Michel Foucault (1926-1984.)

Desde el hombre primitivo al hombre actual nuestra intención siempre ha sido la de transformar el medio que nos rodeaba para nuestras necesidades, ya fueran necesidades prácticas o caprichosas, creando así un paisaje en constante evolución.

La era digital ha dado paso a un debate nunca antes conocido en la historia de la humanidad y transformado la manera en la que debemos abordar el género del paisaje. Aunque éste en su concepción más contemporánea se ha preocupado de ir más allá de la propia observación y representación del entorno para convertirlo en un objeto metafórico, nos enfrentamos a un nuevo paradigma: el distanciamiento físico del propio objeto. 

Actualmente vivimos de manera global el espacio individual y gran parte de nuestros estímulos visuales nos llega a través de pantallas, como si de una película de ciencia ficción se tratara. Esta forma de percepción distanciada determina de manera inequívoca cómo percibimos lo que nos rodea, por lo que debemos abordar con un sentido crítico cómo la era digital va a transformar nuestra forma de ver y de pensar. Estos nuevos planteamientos visuales por otro lado están favoreciendo que sea la propia imaginación del artista la que deba abordar el género desde una nueva óptica. El pensamiento creativo requiere que las personas dejen de lado las interpretaciones convencionales, para ver las cosas de una nueva forma rompiendo los modelos tradicionales de realidad para ir más allá del propio objeto.

Nuestra relación con el mundo más cercano a través de pantallas ha provocado una evolución respecto a cómo percibimos y experimentamos nuestro entorno y de cómo son las cosas que nos rodean, ya que tradicionalmente, siempre ha sido a través de la relación directa del aquí y ahora y a través de los cinco sentidos. Sin embargo, hay que tener en cuenta que a medida que nos alejamos del propio modelo, nuestra capacidad para percibirlos se va perdiendo. El primer sentido en desaparecer es el sabor, después el tacto y así si seguimos alejándonos perdemos la capacidad de oler y oír y por último lo que dejamos es de verlo y es ahí cuando la cosa se pone interesante. Las pantallas se han convertido en fantásticas ventanas donde todos los sentidos recaen  en lo visual. Pero, ¿cómo podemos percibir algo tan alejado, que no solo no podemos percibir su tacto, olor, ruido, sabor, tacto si no que ni siquiera podemos verlo?. Es ahí donde debemos recurrir a nuestra capacidad de imaginarlo y por lo tanto al recuerdo, creando así percepciones completas, en el sentido de que nosotros mismos somos las que la completamos, percepciones puramente creativas.

El vacío, la oscuridad, la soledad y el silencio son emociones sublimes, que no están en ningún lugar y en todos a la vez, porque están dentro de nosotros. Nuestra mirada se convierte en parte constructora de la propia imagen, en una práctica íntima e intuitiva sobre la que no tenemos control. La inmensidad de un territorio que nos traslada el placer de conocer las posibles respuestas sobre nosotros mismos.

Esta exposición quiere invitarles a enriquecer su propia contemplación. El paisaje pasa a ser un lugar de tránsito y de parada y que a su vez nos devuelve al pasado para transformar el presente, un lugar de encuentro con el ser interior y con la conexión con la tierra. La naturaleza como la única verdad para llegar al sentido más completo de lo sublime. Una realidad pintada, que nos lleva a hacer del espectáculo un nuevo descubrimiento para comprender nuestra propia naturaleza. Así pues el paisaje se convierte en una fórmula especulativa que nos ayuda a entender el ser humano y su unidad con la naturaleza y con su territorio.

 

Paisajes incompletos donde la sensualidad de la pintura y el color nos evocan al recuerdo, para crear un paisaje en el que o hemos estado o deseamos estar, un trampantojo emocional en el que nosotros mismos nos completamos y que nos devuelve el deseo de volver a la naturaleza, como si se tratase de un sinónimo de viaje.