Exposición Actual

Del 12 de septiembre al 11 de octubre.

Desde el punto de vista del creador todo es una apuesta, un salto a lo desconocido”

Yayoi Kusama

Cada proyecto significa un recorrido que el artista debe realizar, esto le llevará a ir formulando una serie de toma de decisiones que siempre resultarán complejas y que le exigirán un alto nivel de improvisación.

En este sentido David siempre está trabajando, su cabeza se plantea y replantea de manera constante los retos de la profesión que le ha elegido, más allá del mero dibujo prioriza en el concepto y su mente está siempre a la caza de cualquier indicio que se le cruce en su camino.

Conoce a la perfección el medio, la gráfica contemporánea. Su obra huye del virtuosismo estético a favor de no entorpecer el verdadero trasfondo de su obra. Sus imágenes incisivas, nos emocionan como si de un puñetazo se tratara y por lo tanto como cualquier buen golpe, pretende no dejarnos indiferentes. No quiere agradar, más bien sorprender y gran parte de su éxito reside en esto, cuando otros nadan a favor de la corriente para diluirse y atraer al gran público su obra pretende sacarnos del confort visual en el que nos hemos instalado, para hacernos girar la cabeza y empezar a cuestionarnos cuál es el verdadero discurso que el artista nos plantea.

En esta exposición el artista pretende hacernos reflexionar sobre la sociedad y su deterioro en la convivencia, especialmente en la relación entre los seres humanos y de éstos con la naturaleza. Bien podríamos achacar este problema a la pérdida de los valores “tradicionales”, en especial, aquellos que supuestamente han ido definiendo nuestra cultura: el trabajo, la familia, la honradez, la educación, la libertad, el respeto a los demás, la solidaridad y la paz.

Pero quizás el problema central no reside en los valores; que no se cumplen, sino en los que efectivamente se cumplen, la competitividad como fin, la eficiencia incontrolada, la racionalidad instrumentada, el cotidiano egoísmo…

Está demostrado que el lloro de un niño provoca una respuesta mucho más rápida y fuerte en las partes orientadas hacia la acción del cerebro que otros sonidos igualmente fuertes o llenos de emoción, como el ladrido del perro o el lloro del adulto.

En “The twelve in blue” encontramos llantos y gritos desgarradores que nos escupen esta realidad de manera análoga a la religión cristiana. El artista se hace protagonista de este mensaje con unnuevo grupo de “apóstoles”, escogidos neonatos, encargados de propagar esta realidad incómoda en la que sobrevivimos, para que sus gritos sordos y desgarradores sirvan como alarma ineludible a la necesidad de recuperar un origen social más humano.

Aquí el lloro no es solo un canal, es también un arma de supervivencia. No se trata de ninguna doctrina, ni creencia, es una realidad patente que necesita de acción inmediata, que nos libera de ningún ente superior, ni de estamentos dirigentes inoperantes, la solución a este conflicto está en cada miembro del grupo.

Esta responsabilidad ineludible, sí que es pura democracia.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *